Gabriel

Lo humano

¡Vaya, así que se trata de un sentimiento!

Estamos buscando los términos exactos: confianza, humanización, solidaridad… Quizás la mejora más importante no será la vacuna, sino la empatía. ¿Qué importa cómo lo llames? Es simplemente entender al otro, ponerse en su lugar, comprenderlo… abrir los ojos y verlo como a un semejante.

Puede que nos hayamos dado cuenta de que teníamos algunos sentimientos muy enterrados por un estilo de vida demasiado racional, pragmático o materialista.

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Hagámonos la idea de que tú y yo somos dibujantes y que tenemos que dibujar una cosa, pero no sabemos por dónde empezar.

En el dibujo, como en otras disciplinas artísticas, la perspectiva es un sistema de representación gráfica en dos dimensiones de un objeto que tiene tres.

Para representar una cosa que está más cerca que otra, haremos la primera más grande que la segunda; de esta manera nos harà el efecto óptico de profundidad o distancia.

Crear distancia.

De la misma manera, si tenemos un objeto muy cerca y lo queremos representar entero, nos tendremos que alejar de él. Al haber más distancia entre nosotros y el objeto, nuestro campo visual será más amplio y el objeto nos parecerá más pequeño.

Así, además, podremos ver qué otros objetos o cosas lo rodean, en qué ambiente o contexto se encuentra y qué relación tiene con su entorno.

Esta relación con el entorno hace referencia al enfoque, a la luz, al color, a las proporciones entre los diferentes elementos, y a su comportamiento relativo.

Esto del “comportamiento relativo” nos lo acabamos de inventar, pero queda bien y lo dejamos.

Relación con el entorno.

Una vez tenemos una visión más general de los diferentes elementos, nos hacemos una concepción global de la escena, de la situación, y podemos analizar todo el conjunto. Esto nos permitirá ver nuestro objeto de una manera muy diferente a como lo veríamos si sólo lo mirásemos de cerca, como hacen los cretinos.

Ahora tenemos la manzana –siempre es una puta manzana– encima de un taburete, en un jardín con piscina y césped en Santander. Al fondo, prados dorados y el atardecer. Esto nos indica que es verano, que estamos en casa de un pijo y que se está haciendo tarde.

Como són las ocho y media, agarramos el lápiz, dibujamos la manzana, le entregamos el dibujo al pijo y le pedimos quinientos euros antes de que anochezca.

Borja, contento con el dibujo, lo paga gustoso –de hecho vale más, pero tenemos prisa– y nos pide un taxi. Ya en el autobús, a la altura de Logroño comentamos que mañana deberíamos madrugar para acabar un proyecto.

Relatividad.

El proyecto del día siguiente es ilustrar un libro de ochenta páginas; una cosa en la que llevamos trabajando muchos meses y que, en total, nos representará quinientos euros netos. 

Habrán sido meses y meses de horas de trabajo diarias, de enviar esbozos, que nos hagan hacer cambios a última hora, y de tolerar a gente imbécil.

Habremos cobrado la misma cantidad de dinero por este proyecto que por el dibujo de la manzana. Pero no valen lo mismo. Sencillamenta a uno le habremos aplicado la perspectiva y al otro no.

Por eso, la perspectiva es la primera cosa que tendría que aprender cualquier dibujante.

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Arte y marketing

Empecemos por el principio: el arte es comunicación. Creas para decir, para transmitir algo.

Y ocurre que en el mundo de la comunicación se quiere mucho, se quiere “todo”. Se habla mucho de la obsesión actual por los likes o por el número de seguidores en las redes sociales, porque parece que la culpa de todos los males siempre es de internet; pero lo cierto es que la cosa viene de lejos.

Esto ya me irritaba en mis primeros años de trabajar en televisión, donde todo se mide por audiencias. El share, la cuota de pantalla. 

Yo era joven y, como tantos jóvenes, quería hacer cosas interesantes, divertidas, diferentes. Arte. Pero chocaba siempre con el maldito share; los directores y productores siempre fijándose en lo que hacía la competencia. 

En el sector editorial pasaba lo mismo: importaban los libros más vendidos, todos querían vender muchos libros. TODOS los libros. Porque al margen del arte, a parte de los bienes culturales, las editorials y otros canales de expresión tienen que resultar rentables. Porque, si no, cierran.

Y en este contexto, pam, llega la crisis. ¡Y las buenas noticias! Porque, con la crisis, esto de querer tener a todo el públicó se acabó.

Este siglo nos ha dado herramientas muy potentes a los artistas: internet y la crisis.

A partir de ahora, sólo cuatro gatos lo venderán “todo”. El resto, si nos esforzamos mucho y hacemos bien nuestro trabajo, seremos felices teniendo una audiencia normal. Y esto es bueno.

Es bueno por razones obvias, pero sobre todo es bueno porque te da libertad creativa. ¡Puedes hacer arte! La cosa realmente importante es la conexión entre tu arte y las personas a quienes emociona y que lo valoran. Y esto ahora ya lo tenemos a nuestro alcance, gratis y fácil en internet.

La búsqueda implacable del público de masas acaba haciéndote aburrido (Seth Godin).

Por eso la publicidad va muriendo. Porque ya casi nadie tiene millones de euros para perder: ahí fuera hay tanto ruido que ni te oirán. Podrías gastarte millones de euros en anunciarte, sí, pero, ¿gastarte millones de euros para anunciarte y llegar al máximo de peña? ¿Y cómo los recuperarás? Y, lo más importante de todo: ¿realmente necesitas llegar a una multitud de cretinos a quinenes no interesa para nada tu arte?

Ha llegado el marketing a casa.

El marketing tiene muy mala prensa, porque se asocia al capitalismo salvaje. Viene de “mercado”, que es un sitio donde se comercia, y el comercio siempre ha tenido este estigma de pérfido en determinados sectores (paradojalmente, también en el sector artístico-cultural).

Pero el marketing no es (sólo) una herramienta al servicio del capitalismo para comerte el cerebro y que compres mucho más de lo que puedes pagar para endeudarte y morir de hambre. No, el marketing también es psicología, y filosofía, y sobre todo comunicación; el marketing es arte. y ahora seé aún más osado: el arte también es marketing. Y los artistas obviamente hacemos marketing.

El asunto, en el siglo veintiuno, es la conexión entre tú y el otro. No el contacto entre tú y muchísima gente insignificante, como había sido hasta hace poco. Y me gustaría poner en negrita las palabras conexión y contacto, porque son clave. 

Para decirlo breve: contacto sería publicidad, és decir, el siglo veinte; mientras que conexión es marqueting, el siglo veintiuno. 

Bienvenida al presente.

Tu trabajo no es para todo el mundo (Seth Godin).

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Shackleton

En el año 2001 yo estaba muy contento, con ganas de comerme el mundo (y de bebérmelo). Venía de un periodo muy largo de angustia, ansiedad y depresión. 

Ese verano fui al cine a ver un documental, “Atrapados en el hielo”, sobre una expedición antigua a la Antártida; una cosa de ingleses de 1914. Recuerdo muy netamente la sensación de estar solo en el cine, una tarde de agosto, feliz de pasar frío por el aire acondicionado, y emocionado, llorando por el drama de esos hombres atrapados en el hielo.

Pero la historia en sí no tierne más interés que la de una expedición al Polo Sur. La aventura, en cambio, ya es otra cosa: perdieron el barco por el mal tiempo, y quedaron allí tirados, en el frío y en la nada. Shackleton, el líder de la expedición, prometió llevar a toda la tripulación de vuelta a casa.

Volver a casa. He aquí el viaje más importante.

El equipo entero consiguió regresar al Reino Unido, un par de años más tarde. Pero habían partido de la Inglaterra del siglo diecinueve, de la época del heroísmo, del honor, del esfuerzo y de las cosas importantes, y habían vuelto a la Inglaterra de la Primera Guerra Mundial. Ya nada sería igual porque había cambiado el paradigma. 

Otro mundo

Regresaron al desastre de la guerra; a un mundo abocado al capitalismo, a la frivolidad del consumismo, al fascismo que vendría, a la globalización y a todas las crisi brutales que tendrían que llegar. Volvieron a la mediocridad de un mundo banal; no volvieron a casa.

Salí del cine removido y excitado. Encendí la pipa, como ellos. Tenía la sensación de haber entendido la vida. Yo también volvía de un viaje muy largo. Yo también había entrado en el cine en el siglo veinte y había salido en el veintiuno. También vendrían crisis y el mundo se tendría que globalizar mucho más. 

Yo también entendí que de los viajes importantes nunca se vuelve a casa.

¿Cuál es tu viaje?

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